La Rata & El Perro inicia otro año más, y como en el pasado, me veo con la intención de explicar el nombre. Las ocasiones anteriores repasé tanto el legado de Pávlov y sus perros como las ratas de Skinner, y también el factor que juegan la serendipia y la curiosidad en la labor científica. Pero la pregunta de este año va por otros rumbos: ¿y si La Rata & El Perro no fuera La Rata & El Perro?

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¡Bienvenidos a La Paloma & El Gato!

Al fin y al cabo, ratas y perros no fueron siempre los animales predilectos de la psicología experimental… y tampoco los míos, dicho sea de paso. Siempre fui una persona de gatos: son la elegancia viva, orgullosos e independientes, y quizá sea gracias a esa independencia que pudieron escapar de la caja problema original. O quizá era que estaban hambrientos, uno nunca sabe.

GATO ENCERRADO

Edward L. Thorndike es quien puso a los gatos en la caja problema. Durante el amanecer de la psicología experimental, en los últimos años del siglo XIX, Thorndike estaba bastante interesado en la inteligencia animal y, más importante aún para él, en cómo medirla. Recordemos que el siglo XIX fue una de las más extraordinarias épocas en cuanto a avances científicos se refiere: la teoría de la evolución por selección natural, la tabla periódica, la teoría electromagnética y la genética (aunque desapercibida) nacieron durante ese siglo, y si cualquier campo quería establecerse como científico, debía empezar por medir cosas. Y Thorndike lo hizo: fue la primera persona en confeccionar gráficos que mostraban cambios cuantitativos en el aprendizaje.

Thorndike colocaba gatos hambrientos en una caja con forma de canasto, selladas de tal forma que la acción de un interruptor, colocado dentro, permitía abrirla. Una vez con el felino dentro, Thorndike cronometraba el tiempo que tardaba en salir. Al inicio, el animal tardaba un rato en dar con el interruptor, pero entre más veces se repetía el experimento (entre más veces el pobre gato se veía de nuevo dentro de la caja, anticipándose unas décadas a la manía de Schrödinger por encerrar felinos en contenedores cúbicos), el gato tardaba cada vez menos tiempo en salir de su encierro, hasta llegar al punto en que, apenas lo metía a la caja, el animal ya estaba pulsando el interruptor para salir, “a voluntad”, como comentaría Thorndike.

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¡Tráiganme a Thorndike!

Para explicar este fenómeno, Thorndike formuló la ley del efecto, que dice que si en presencia de un estímulo (la caja), una respuesta va seguida de una situación satisfactoria (el escape y acceso a la comida), el vínculo entre el estímulo y la respuesta se fortalece (el gato tarda cada vez menos tiempo en salir de la caja). A Thorndike no se le ocurrió generalizar este fenómeno a la conducta humana, pero no pasaba nada: la semilla ya estaba plantada para que, décadas después, Burrhus F. Skinner la cosechase en forma de condicionamiento operante, con todas las implicaciones y aportes que ello nos trajo. En cierto sentido, el gato fue antes que la rata.

GATOS Y PALABRAS

Pero los gatos no sólo han protagonizado aventuras operantes; también ayudaron a dar origen a una de las investigaciones más interesantes en la historia de la psicología: ¿respondemos a las palabras por condicionamiento respondiente?

Arthur W. Staats decía que sí y lo probó con un elegante experimento en el que logró que un grupo de estudiantes evaluase de forma negativa la palabra largo por medio de condicionamiento clásico, al más puro estilo de Pávlov. Midiendo la respuesta de las glándulas sudoríparas de las manos, Staats y su equipo lanzaban, de forma alterna, un sonido ronco muy fuerte y un choque eléctrico desagradable en el brazo; ambos estímulos aparecían cuando los alumnos pronunciaban la palabra largo de entre una lista de 25 palabras. Después de varios ensayos, los estudiantes evaluaron la palabra largo como más desagradable que otras palabras en la lista. Staats había condicionado una reacción emocional ante una palabra, mostrando que quizá eso mismo ocurre en nuestro entorno natural: damos valor o significado negativo a ciertas palabras no porque sean malas en sí, sino debido a procesos de condicionamiento de los que quizá ni siquiera tenemos noticia.

Pero no era la primera vez que Staats hacía eso. Cinco años antes, en 1953, Staats había realizado un experimento informal con su propia gata Max, que tenía la costumbre de rasgar los sillones y subirse a la mesa –vaya, cosas de gatos. Staats pensó que un leve golpe con el periódico enrollado “evocaría respuestas internas de varios tipos”, desagradables principalmente, y decidió asociar ese leve golpe con la palabra NO; sobre el papel, la continua presentación de ambos estímulos terminaría por hacer que la palabra NO generase las mismas respuestas desagradables en Max.

Y así fue. De forma coloquial diríamos que Max entendió el significado de la palabra NO, pero Staats nos brinda una explicación más precisa: las sensaciones aversivas que genera el golpe con el periódico se condicionan al sonido de la palabra. Este breve experimento, que ustedes pueden replicar en casa si tienen mascotas (con el debido cuidado y respeto que merecen los animales, por supuesto) antecedió al experimento con humanos y ambos estudios nos insinúan que quizá sea posible tratar algunos problemas psicológicos en psicoterapia usando principios de condicionamiento respondiente. Una vez más, el laboratorio ayuda a la clínica, la clínica ayuda a las personas.

ANGRY BIRDS

1943. La Segunda Guerra Mundial se recrudece y los estadounidenses, recién llegados al campo de batalla, buscan con desesperación mejoras tecnológicas en su armamento. Específicamente, quieren guiar a voluntad un misil justo hasta las mismísimas narices del enemigo. Y un científico de Harvard tiene una posible solución a ese problema; pero no es un físico ni un ingeniero: es un psicólogo, y aquí en La Rata & El Perro lo conocemos bastante bien.

Para entonces, Skinner llevaba bastante tiempo trabajando con palomas y sabía lo que podían hacer (¿o lo que él podía hacer que ellas hicieran…?). Así que acudió ante el Comité Nacional de Investigación de la Defensa con la que es, con toda seguridad, la mejor idea de la historia: palomas que guían misiles con sus picos.

Lo que Skinner proponía –y que eventualmente logró hacer- era condicionar a las palomas para que picotearan sobre una pantalla. En sus experimentos de laboratorio, las palomas picoteaban teclas con formas triangulares dentro de las cámaras experimentales y resultó que eran muy buenas discriminando formas, así que lo único que Skinner tuvo que hacer fue enseñarles a discriminar formas de portaaviones y otros blancos de interés.

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La paloma en la máquina. Foto de la cabeza del misil, apodado El Pelícano, donde iban alojadas las palomas.

El proceso de enseñanza consiste en ir reforzando respuestas que se acercan cada vez más a la conducta deseada. Como los gatos de Thorndike, que cada vez tardan menos en salir de la caja problema, pero aquí Skinner controla todo el proceso otorgando acceso a los reforzadores (comida, en este caso) cada vez que la paloma hace algo que la lleve a la conducta final. Picotea la pantalla, reforzamiento. Mira el blanco, reforzamiento. Picotea el borde del blanco en la pantalla, reforzamiento. Picotea el centro del blanco, reforzamiento. Cuando el blanco estaba en el centro de la pantalla, entonces el misil viajaba directo hacia él, pero si se movía hacia los bordes, las palomas picoteaban la pantalla, sobre el blanco, y el picoteo se transmitía al sistema de navegación del misil para corregir el rumbo.

Tengo que admitir que, con todo y lo descabellado que es, el sistema funcionaba muy bien; una paloma picoteaba la pantalla cerca de 4500 veces por minuto y tres palomas podían guiar un misil con precisión de espanto. Pero los militares estaban recelosos, y en 1944 el programa fue cancelado sin hacer pruebas reales; para darle dinero a programas más prometedores, dicen unos, para salvar a las pobres palomas, dicen otros. En 1948, ya terminada la guerra, la Marina trató de revivir el programa bajo el nombre de Project Orcon (Organic Control, control orgánico), pero la mejoría de los sistemas de control electrónico causó que el programa fuese cancelado definitivamente en 1953.

Eso sí: seis años después de la cancelación del proyecto y sin entrenamiento desde entonces, las palomas aún picoteaban imágenes del blanco si se las ponía a hacerlo.

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En pocas palabras, ratas y perros no son exclusivos de la psicología experimental; el sitio podría haberse llamado La Paloma & El Gato e igual estaríamos honrando a los animales que por tantos años nos han ayudado a comprender nuestro comportamiento.

REFERENCIAS
Fernández, G. (2017). Skinner y el Proyecto Paloma. Extraído de: https://cienciaes.com/neutrino/2017/05/11/skinner-y-el-proyecto-paloma/
Keller, F.S. (1990). La definición de psicología. México: Trillas.
Lilienfeld, S.O., Lynn, S.J., Namy, L.L. & Woolf, N.J. (2011). Psicología. Una introducción. Madrid: Pearson.
Staats, A.W. (1983). Aprendizaje, lenguaje y cognición. México: Trillas.