¿Qué son las bibliotecas? ¿Para qué son?

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Biblioteca de Montserrat

Las bibliotecas, es cierto, sirven para almacenar libros y para que la gente pueda consultarlos, pero eso también lo puede hacer uno en su casa, e incluso en las computadoras y teléfonos uno ya puede guardar libros electrónicos y consultarlos después, ¿o no? Pero las bibliotecas tienen una magia que los libros electrónicos no tienen: uno puede buscar historias en ellas. No en un libro individual, por separado, sino en varios libros, como piezas que conforman un todo mucho más grande. Por ejemplo, pueden ustedes intentar reconstruir una de mis historias favoritas, a la que me gusta llamar la historia más bella del mundo. La próxima vez que vayan a una biblioteca, búsquenla, sigan los pasos, recorran las estanterías en busca de los libros.

La historia inicia hace cuatro mil doscientos millones de años, en El origen de la vida, del profesor mexicano Antonio Lazcano. En este libro pequeño, el autor expone una cronología breve sobre las perspectivas dominantes sobre el origen del fenómeno más complejo del Universo conocido, desde las hipótesis de fuerzas místicas y entelequias, pasando por la curiosa generación espontánea, hasta llegar a la teoría de Oparín-Haldane sobre el origen químico de la vida: moléculas danzantes en un caldo primordial burbujeante en la Tierra primitiva, que poco a poco fueron haciéndose cada vez más complejas hasta producir los primeros seres vivos, iniciando así un reinado ininterrumpido de más de cuatro mil millones de años.

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La vida surgió en el agua

La historia continúa en un libro que no necesita ninguna presentación, El origen de las especies, de Charles Darwin. Darwin nos habla desde el siglo XIX sobre sus hallazgos en un viaje de cinco años alrededor del mundo, en el que reunió pruebas de un mecanismo que podría explicar la monstruosa diversidad de la vida como la conocemos: la selección natural. Y es que esas moléculas danzantes han llegado a producir miles de millones de organismos en un mundo donde lo único fijo es el cambio, y en el que la adaptación es vital para sobrevivir. La selección natural no es más que una selección por consecuencias en una escala que podríamos llamar industrial: el medio selecciona las adaptaciones que mejor permiten a las especies sobrevivir. Darwin cometió errores y desconocía muchas cosas, pero El origen de las especies nos insinuó por primera vez que podíamos entender la trama de la vida, y que nosotros, en aquel entonces considerados dioses y dueños de la creación, entidades separadas de la naturaleza, éramos animales. Especiales, sí, pero animales, al fin y al cabo. Somos una rama más en el Árbol de la Vida. Darwin tardó en redactar El origen de las especies veinte años, porque cometió muchos pasos en falso y no encontraba cómo conectar el monte Olimpo de evidencia que había reunido, y tenía que hacerlo de forma convincente: sabía que a mucha gente de su época no le iba a gustar su trabajo porque contradecía cosas que “todos sabían”. Eso es algo maravilloso de los libros: si son lo suficientemente buenos, pueden cambiar el mundo. Dudo mucho que haya una sola biblioteca en el mundo que no posea una copia de El origen de las especies.

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El árbol de la vida de Charles Darwin

El siguiente libro de nuestra historia también involucra a Darwin, quien extendió las conclusiones de El origen de las especies a la especie humana en su otro libro, El origen del hombre, que también es muy famoso, y donde reúne pruebas en favor de la hipótesis de que el hombre, como otros animales, desciende de un antecesor menos complejo. Pero fue mucho más allá. Darwin es, quizá, el primer psicólogo científico de la historia, pues en un capítulo titulado Facultades mentales del hombre y de los animales inferiores encuentra semejanzas entre los comportamientos humanos y animales.

Hasta entonces, la psicología era el estudio del alma, del espíritu: de entidades sobrenaturales que residían en el interior de las personas. Darwin mostró que podía haber una interpretación física, material, del por qué actuamos como lo hacemos. La huella que dejó Darwin en este aspecto fue tal, que la psicología científica y otras disciplinas que estudian la actividad humana, como la antropología, han de tener un pie bien firme en sus trabajos (y de los de sus desarrolladores) para poder dar el siguiente paso.

El siguiente libro, Ciencia y conducta humana, cubre justamente la parte psicológica de nuestra historia. Si Darwin es incomprendido todavía hoy, B.F. Skinner lo es aún menos. Y, sin embargo, creo poder afirmar que hizo por la psicología algo similar a lo que el naturalista inglés hizo por la biología; no por nada fue considerado por la Asociación Americana de Psicología como el psicólogo más influyente del siglo XX. En Ciencia y conducta humana, Skinner lleva sus datos obtenidos en laboratorio a la sociedad y la cultura y propone una selección por consecuencias como la de Darwin, pero en lugar de seleccionar individuos o especies, el ambiente selecciona comportamientos, sobre todo aquellos cuyas consecuencias permiten la adaptación a corto plazo del individuo. Así, nuestro comportamiento está en una relación íntima y recíproca con el medio que nos rodea, sea este físico o social. ¡Qué visión tan humana recibe uno al leer este libro! ¿Quién diría que prescindir del alma y el espíritu como causas de la conducta podría acercarnos más a nuestros hermanos, antes que alejarnos?

Después de visitar el pasillo de la psicología, toca regresar hasta la letra A y encontrar a Marvin Harris, autor de Introducción a la antropología general. La antropología es otra disciplina que estudia a la especie humana, desde el punto de vista de la evolución y de los otros humanos, nuestros primos ya desaparecidos (como hace la paleoantropología), desde el punto de vista del cuerpo y su estructura (como hace la antropología física) y también desde el punto de vista de la cultura (como hace la antropología cultural). Todas estas materias las aborda Harris en su libro, influido por Darwin y Skinner, pero también por Karl Marx.

En particular, la antropología cultural nos lleva a la siguiente parada en el camino. Si pudieran conseguir un pequeño gran libro titulado Humano, editado por Santillana, y abrirlo por las páginas correspondientes a cultura y sociedad, se quedarían maravillados. Miles de años de evolución biológica y cientos de años de evolución cultural, social y psicológica sintetizados, no en palabras, sino en imágenes. Pueblos de todas partes del globo. Tradiciones tan antiguas como los pueblos que las practican. Incluso tendrán un atisbo de qué es la sociología y cómo estudia grupos e instituciones. ¿Quién diría que los libros no sólo sirven para leer, sino también para viajar? ¡Toda la diversidad humana, la diversidad de culturas y formas de pensamiento capturadas entre unas cuantas páginas! ¡Y qué aprendizaje nos deja este volumen en particular: que lo único natural en el ser humano es la diversidad!

La ciencia es parte de nuestra cultura, aunque luzca tan diferente a otras manifestaciones de la actividad humana; quizá debido a que es casi una recién llegada. Pero en el poco tiempo que lleva con nosotros nos ha hecho dar pasos agigantados en nuestra comprensión del mundo y sus fenómenos, y nos ha permitido hilar la historia que estoy contando. En el pequeño ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, de Alan F. Chalmers, podrán encontrar las pistas para empezar a entender qué es la ciencia y cómo funciona. Entre sus páginas encontrarán a filósofos tan importantes como Karl Popper, Thomas Kuhn e Imre Lakatos, e incluso a propuestas mucho más recientes. Porque sí, la ciencia nos permite desentrañar los misterios y enigmas del mundo, pero ¿qué nos permite desentrañar los misterios y enigmas de la ciencia?

Estamos llegando al final de la historia, al punto álgido de una narración que comenzó hace cuatro mil millones de años. ¿Recuerdan que los libros sirven para viajar? En esta ocasión, viajaremos al espacio exterior. En la década de 1970, mientras se planeaba el lanzamiento de las sondas Voyager, Carl Sagan y sus colegas pensaron que era buena idea enviar un mensaje de la Tierra, para que fuese captado por posibles formas de vida inteligente en un futuro lejano y hacerles saber que alguna vez, los seres humanos estuvimos aquí. En el libro Murmullos de la Tierra, editado por el mismo Carl Sagan, pueden encontrar el proceso de selección y grabación del disco. Después de miles de años de evolución, y después de unos pocos siglos en compañía de la ciencia, nos convertimos en una especie que manda mensajes en botellas cósmicas. ¡Quién lo hubiera dicho!

Sagan y su equipo tomaron muestras de sonidos terrestres como volcanes, terremotos, animales, un fuego crepitando, el latido de un corazón, una madre diciéndole a su hijo sé bueno, canciones de Mozart, Chuck Berry, Bach, los indios navajos de Estados Unidos, el huapango mexicano El cascabel interpretado por un mariachi, música de diferentes pueblos alrededor del mundo y saludos en 55 idiomas diferentes, y los grabaron en un disco de oro que fue fijado a las dos sondas Voyager. Las sondas despegaron en 1977 con dirección a los planetas exteriores. Pasaron por Saturno, Urano y Neptuno entre 1979 y 1989. La Voyager 1 cruzó la puerta hacia el espacio interestelar en septiembre de 2013; en diciembre de 2018, la Voyager 2 salió del Sistema Solar. Ambas llegarán a la estrella más cercana dentro de 40,000 años.

Murmullos de la Tierra es la prueba de que la ciencia es una de las más elevadas creaciones de la humanidad. La parte final de esta historia consiste en encontrar otra de las creaciones humanas más sublimes: tú, lector o lectora, caminarás hasta la sección de arte de la biblioteca en que hayas decidido buscar esta historia, y tomarás un libro cualquiera; el de tu arte favorito, si te parece: un libro de poesía, de fotografía, de escultura o pintura, una novela, un cómic, o, si te es posible, incluso una película. Te sentarás a admirarlo y te darás cuenta de que tú, un ser humano con cuatro mil millones de años de historia a tus espaldas (tal vez un poco más, si contamos la historia anterior del Universo), está sentado en una biblioteca, rodeado de las voces de cientos de otros seres humanos que te hablan a través de las eras. Esa biblioteca, ese edificio que contiene libros, es sólo una pequeña probadita de lo que somos los humanos; son un recordatorio de que sabemos hacer magia: gente muerta nos habla a través de los siglos para ofrecernos lo más valioso que podemos tener: conocimiento.

¡Feliz Día Internacional de las Bibliotecas!

Referencias:
Chalmers, A.F. (1976/1999). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? México: Siglo XXI Editores.
Darwin, C. (1989). El origen del hombre. Madrid: Biblioteca Edaf.
Darwin, C. (2010). El origen de las especies. México: Grupo Editorial Éxodo.
Harris, M. (1971). Introducción a la antropología general. España: Alianza Universidad.
Lazcano-Araujo, A. (1989/2010). El origen de la vida. México: Trillas.
Sagan, C., Drake, F.D., Druyan, A., Ferris, T., Lombe, J. & Salzman, L. (1978/1981). Murmullos de la Tierra. Barcelona: Editorial Planeta.
Skinner, B.F. (1953). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella.
Winston, R. (coord.) (2004/2005). Humano. México: Santillana Ediciones.