[…] Cuando tomas una decisión crees que eres tú el que la toma, pero no es así […] Hay mensajes en todos los juegos. Como en PACMAN. ¿Sabes qué significa PAC? PAC: Programa y Controla (Program And Control). Es el hombre que programa y controla. Todo es una metáfora. El Pacman cree que tiene voluntad propia, pero está atrapado en un laberinto, en un sistema […]

La noticia de diciembre pasado fue el lanzamiento de la película Black Mirror: Bandersnatch, la primera película interactiva en la historia de Netflix. Bajo el subtítulo de “elige tu propia aventura”, la película nos ofrece la posibilidad de elegir justo en los momentos de inflexión, en los momentos críticos, para decidir así el rumbo de nuestra historia. Las posibilidades, si bien no son infinitas, sí son demasiadas; a estas alturas aún se están descubriendo nuevas combinaciones entre elecciones que dan origen a versiones distintas del final. Una de las tramas más conocidas tiene que ver con el libre albedrío: Stefan, el personaje principal, afirma haberse dado cuenta de que el libre albedrío es una ilusión y que él está siendo controlado por alguien más. Su padre y su terapeuta lo tienen por un demente, por supuesto. Pero, ¿qué tan descabellado sería ponernos en la piel de Stefan por un momento?

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Qué piel tan rara, hombre.
FILOSOFÍA Y BLACK MIRROR

El problema con el libre albedrío es que, a primera vista, parece no haber un problema en lo absoluto. Todos los días tomamos decisiones: algunas pequeñas, como aquella secuencia en Bandersnatch en la que Stefan se debate entre dos casettes para escuchar mientras viaja en autobús; otras que pueden impactar a mediano o largo plazo, como decidir qué comer, y hay días en que las decisiones que tomamos pueden impactar en nuestra vida por completo, como cuando a Stefan le ofrecen terminar su videojuego en las oficinas de Tuckersoft. Dada la cotidianeidad de la toma de decisiones, la perspectiva de que quizás no estemos actuando de forma voluntaria y libre es un horror para algunos.

Y es un horror porque la idea del libre albedrío tiene muchas implicaciones en la vida cotidiana. La noción de que los criminales deben pagar por sus delitos es un derivado de la idea de que cada persona es libre de escoger sus acciones, y, por tanto, si escoge hacer el mal debe responder por ello (algo a lo que se le llama responsabilidad moral). Es tan natural y está tan firmemente arraigada en nuestra cultura, que cualquier rechazo a la noción de libre albedrío es contraatacado argumentando que entonces, si no existe tal cosa como el libre albedrío los criminales no tendrían por qué estar presos, sino que son víctimas de su destino… que al parecer es el punto de vista que Jerome F. Davies y Stefan adquieren cuando el primero descuartiza a su esposa y el segundo mata a su padre. Si ellos no son dueños de sus vidas, sus destinos y sus decisiones, ¿qué más da si cometen un crimen?

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Jerome F. Davies es el autor de Bandersnatch, un libro de “elige tu propia aventura” muy al estilo de Rayuela, de Julio Cortázar.

Pero no es tan sencillo probar la existencia del libre albedrío de esta manera. Si el filósofo Adolf Grünbaum viera Bandersnatch argüiría que en la película se está mezclando al determinismo con el fatalismo. El fatalismo sería bien ejemplificado con las frases “cuando te toca te toca, y cuando no, ni aunque te quites” y “todo pasa por alguna razón”; los fatalistas argumentan que los sucesos son independientes a la acción humana, que quizá el destino no pueda ser cambiado por más que nos esforcemos. En cambio, hay diferentes tipos de determinismo, y algunos de ellos son compatibles con el libre albedrío, mientras que otros no.

Un fatalista sí podría afirmar con toda confianza que Stefan no debería ser castigado ya que, tarde o temprano, su padre iba a ser asesinado por él, y por tanto la acción de matarlo no fue libre, sino que estaba, de algún modo, predestinada. En cambio, para un determinista, si bien encontraría también que hubo ciertas causas, ciertas condiciones iniciales para que se cometiera el asesinato del padre de Stefan, aun así sería necesario castigar al perpetrador: dentro del determinismo, según Grünbaum, todavía caben los conceptos de responsabilidad y voluntad… solamente que dejan de ser causas para pasar a ser efectos; bajo el determinismo, en lugar de decir que “lo mató por que quiso”, hay que encontrar “lo que causó que quisiera matarlo”.

AMIGO, DATE CUENTA

El neurofisiólogo Benjamin Libet ha dedicado su carrera a estudiar la percepción desde el punto de vista del cerebro, lo cual le ha llevado casi irremediablemente al asunto de la conciencia y el libre albedrío (¿fatalismo…?). En su libro Mind Time, nos enfrenta a un resultado espeluznante de sus experimentos: las decisiones se toman mucho tiempo –arriba del medio segundo– antes de que seamos conscientes de que las tomamos. En Bandersnatch, Stefan comienza a darse cuenta de que algunos movimientos cotidianos, como rascarse la oreja o morderse las uñas, no son completamente conscientes y son elegidas “por alguien más” (nosotros). Divirtámonos un poco: ¿será que, por alguna razón, en Stefan el proceso de “darse cuenta”, de hacerse consciente de una decisión, es inmediato? ¿Hay algo mal en el funcionamiento del cerebro de Stefan? ¿O hay algo más que simples procesos cerebrales detrás del libre albedrío?

TODO (NO) ESTÁ EN UNO MISMO

En un experimento curioso y descrito a detalle por Fabián Maero, los participantes tenían que realizar un movimiento del dedo pulgar, imperceptible hasta para ellos mismos, para poder detener o retrasar un sonido horrible mientras estaban escuchando música mediante unos audífonos. El movimiento, aunque minúsculo, era captado por unos electrodos, lo que ayudaba a los experimentadores a detectar el movimiento-meta. De los cuatro grupos de participantes, sólo dos recibieron la instrucción clara sobre el movimiento que tenían que hacer. Pero, al final del experimento, los participantes dijeron no haber encontrado el movimiento que detenía el sonido… a pesar de que absolutamente todos los participantes habían estado controlando el ruido desagradable en sus audífonos mediante contracciones minúsculas de sus pulgares. Uno de los participantes, además, creó una explicación bastante divertida de lo que, según él, lograba hacer que el ruido se detuviera: torcía la mandíbula, batía los brazos y meneaba los tobillos, movimientos totalmente inútiles puesto que lo único que se necesitaba para detener el ruido era la maldita contracción del pulgar. Pongámoslo de esta manera: los participantes estuvieron haciendo la conducta que los experimentadores querían, pero sin que su conciencia o su voluntad interfirieran en ello, y además inventaron explicaciones muy elaboradas para justificar lo que hacían.

¿Y no es eso lo que hacemos en la vida diaria? ¿Tratar de hallar explicación, por rebuscada que sea, a lo que hacemos o a lo que hacen otros? Nos gusta decir que todo pasa por alguna razón cuando nos encontramos un billete tirado en la banqueta o cuando sufrimos por una decepción amorosa, pero también nos encanta afirmar que el que sufre, sufre porque quiere o nos llamamos algo parecido a idiotas irresponsables cuando perdemos dinero como si fuera nuestra culpa. Meneamos los tobillos y preferimos aferrarnos, decir que eso causa todo y que eso nos define como seres humanos, aunque mover el pulgar es más simple y más efectivo.

EL QUE SE CONTROLE A SÍ MISMO, UN GRAN CONTROLADOR SERÁ

Negarse a aceptar el control equivale, simplemente, a dejarlo en otras manos

-B.F. Skinner

Jacob Robert Kantor argumenta que el debate entre determinismo y libertad es un debate innecesario, ya que el libre albedrío es un concepto con antecedentes religiosos y metafísicos, y, por tanto, no tiene cabida dentro del estudio científico del comportamiento. Así, para Kantor no hay de otra más que abrazar el determinismo a priori si lo que se quiere es hacer ciencia del comportamiento. Otro tanto hace Burrhus F. Skinner, quien desarrolló bastante su punto de vista determinista en varias obras, siendo la más sugerente Más allá de la libertad y la dignidad. En ella, Skinner argumenta que, para construir una sociedad nueva, mejorada, saludable, la humanidad debería renunciar al viejo concepto de libertad como una fuerza interna, metafísica y mística. Afirma: “todos somos controlados por el mundo en que vivimos. La cuestión es si somos controlados por accidente, por tiranos, o por nosotros mismos”. En última instancia, la cruzada de Skinner en favor de una psicología científica era una lucha por llevar el conocimiento sobre el comportamiento humano a la gente para deshacerse del concepto viejo de libertad, y acercarle uno nuevo: la libertad como una forma de control, en la que ya no vamos por la vida “como dios nos dé a entender”, sino en la que seamos capaces de hacer lo que más funciona para nuestro bien y el de los demás. La libertad es el control que ejercemos sobre nuestra propia persona.

Pero también hay quienes rechazan el problema afirmando que el libre albedrío no puede ser abordado por la ciencia o rechazando de tajo los experimentos que sostienen el punto de vista contrario. Y no es negar por negar, sino que se sostienen de ciertos experimentos en los que la creencia en el libre albedrío parece mejorar el comportamiento de las personas. Alfred R. Mele, filósofo estadounidense, ha combatido con firmeza la idea de que la ciencia haya probado que el libre albedrío no existe. Su punto de vista acepta la validez de experimentos como los de Libet, pero también dice que dichos experimentos no son concluyentes y dejan abierta la puerta al determinismo suave: hay condicionantes como la genética, la historia personal y el ambiente, pero también hay un espacio, un pequeño resquicio entre rocas, en el que las elecciones personales se cuelan y juegan un papel primordial. Para Mele, quizás Stefan haya estado predispuesto a cometer el crimen, por su antecedente psicopatológico, la medicación que tomaba, la mala relación con su padre, el conocer a Colin y el estrés que representaba tener una fecha límite para entregar el código de Bandersnatch, pero todo eso era un condicionante y la elección final de matar a su padre pudo ser tomada o no. Quizá Libet, Skinner o Kantor le reprocharían a Mele el no entender que hasta las elecciones personales son explicadas por el determinismo; son, como Grünbaum da a entender, efectos y no causas. Entretanto, el debate continúa.

LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN

Pero quizá, la cosa más interesante de Bandersnatch es que, mientras dentro de sí hace gala del fatalismo que ha caracterizado a la serie, la cuestión del libre albedrío se toca “afuera” de la película. Desde que se anunció con el lema de “elige tu propia aventura”, quienes seguimos a la serie Black Mirror ardimos en la emoción de saber qué tantas posibilidades teníamos para llevar la historia, pero ¿la elección es realmente nuestra? Sólo hay dos opciones en pantalla, y todas ellas parecen llevar a lo que siempre nos ha gustado de Black Mirror: una catástrofe en la vida del personaje principal, un caos. Quizá como espectadores pensemos que somos libres de elegir la opción que más nos parezca, pero en realidad estamos limitados por el guión (o guiones) escritos por Charlie Brooker, quien conoce muy bien a su audiencia. De hecho, en uno de los pasajes más surrealistas de la película, cuando Stefan se encuentra charlando con su terapeuta acerca del “ser que lo controla desde el siglo XXI en Netflix”, se nos ofrece la alternativa de ver una pelea llena de acción entre ambos personajes, en una secuencia delirante y que revela que, si bien nosotros oprimimos el botón, nuestra historia de reforzamiento y nuestra cultura juegan un papel importante en la elección: yo personalmente, que disfruto viendo las escenas de pelea en Daredevil o Jessica Jones, bien orquestadas, ni siquiera lo pensé; puse a pelear a Stefan y a su terapeuta a cambio de unos segundos de diversión. Y valió la pena.

Referencias
Libet, B. (2004). Mind Time. The temporal factor in consciousness. Cambridge: Harvard University Press.
Hefferline, R.F., Keenan, B. & Harford, R.A. (1959). Escape and avoidance conditioning in human subjects without their observation of the response. Science, 130(3385), 1338-1339.
Mele, A.R. (2014). Free. Why science hasn’t disproved free will. New York: Oxford University Press.
Grünbaum, A. (1965). El libre albedrío y las leyes de la conducta humana. L’Age de la Science, 2(2), 105.
Grünbaum, A. (1952). La causalidad y la ciencia de la conducta humana. En: R. Ulrich, T. Stachnik & J. Mabry (Eds): Control de la conducta humana. Vol. 1. (1979), pp. 18-30
Smith, N.W. (2016). La alternativa interconductual a los constructos de libre albedrío y determinismo. Conductual, 4(3), 151-162.
Mullor, M. (2018, 29 de diciembre). ‘Black Mirror: Bandersnatch’: Lo que de verdad importa en el juego más macabro de Netflix. Esquire. Extraído de: https://www.esquire.com/es/actualidad/cine/a25705594/black-mirror-bandersnatch-netflix-significado/
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