En el 2002, el Distrito Escolar de Cobb County, Georgia, tras haber adquirido nuevos libros de texto de ciencias en los que se enfatizaba la enseñanza de la evolución (y después de que los padres pusieran el grito en el cielo), decidieron entregar los libros con un añadido, una etiqueta como la siguiente:

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“Este libro de texto contiene material sobre la evolución. La evolución es una teoría, no un hecho, concerniente al origen de los seres vivos. Este material debería ser estudiado con una mente abierta, cuidadosamente estudiado y críticamente considerado”.

El caso se volvió público, y el Distrito Escolar de Cobb County fue llevado a juicio. A principios de 2005,un juez federal falló a favor de los demandantes (padres de familia de Cobb County que consideraron que la etiqueta violaba las constituciones de los Estados Unidos y del Estado de Georgia) y las etiquetas fueron removidas. Después de un intento de apelación, el asunto se arregló fuera de la corte a favor de los demandantes, y el Distrito Escolar de Cobb County se comprometió a no volver a socavar la educación científica.

Encontraremos casos semejantes si retrocedemos un poco en el tiempo; tristemente célebre es el Juicio del Mono, realizado en 1925, en el que John Scopes fue acusado y declarado culpable de enseñar la teoría de la evolución, violando el Acta Butler, que prohibía enseñar ideas que negaran la historia de la Creación. La disputa se ha tranquilizado, con todo y la existencia de grupos creacionistas y el surgimiento de las ideas del Diseño Inteligente, pero aun así es habitual escuchar descalificaciones hacia la evolución (y hacia otras teorías, como la del Big Bang) bajo la frase: “es sólo una teoría”.

¿Por qué?

Uno de los términos más malinterpretados por el público no-científico es el de teoría. Creo que todos nosotros hemos utilizado esa palabra en su acepción común; o sea, como abreviatura de “especulación sin pies ni cabeza”, cuando algo no ocurre como debería, o cuando algo no se ha comprobado de forma práctica. Por ejemplo, es muy común escuchar en una conversación: “mi teoría sobre Star Wars es que Rey es hija de Luke” (hay que aprovechar el hype), “en teoría, el camión debe pasar cada diez minutos, no sé por qué tarda tanto” o “en teoría, la lavadora ya está arreglada y debería funcionar”. De hecho, la RAE acepta como primera definición “conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación”. El problema de usarla tanto en ciencia como en la vida cotidiana es que con frecuencia los significados se confunden y provocan, en el mejor de los casos, malos entendidos, sobre todo cuando se pretende divulgar una teoría científica en especial.

Hablando de conocimiento, la palabra teoría hace referencia a una abstracción que pretende reconstruir lo que se ha observado de la realidad. Esta abstracción tiene también su lado práctico, pues generalmente se alcanza mediante un método, lo que significa que es el final de un proceso de investigación; empero, también es su punto de partida, porque una teoría plantea preguntas que los investigadores usan como punto de partida para seguir trabajando.

En ciencia, sin embargo, una teoría no sólo es un marco conceptual, sino que es EL Marco Conceptual, el máximo modelo de la realidad al que se llega después de integrar hechos, fenómenos y leyes. Pero ojo: esto no la hace definitiva, más bien al contrario; una teoría siempre está siendo puesta a prueba y debe ser reemplazada en cuanto aparezca una explicación mejor. De esto se desprende que una teoría no es la realidad, sino que, como dije, es un modelo: entre más se acerque a la realidad, mejor funcionará. Ojalá algún día alguien, después de unir los puntos, desarrolle un modelo que explique la enorme diversidad de vida que existe en la Tierra con mayor precisión que la teoría sintética moderna, pero entretanto, dicha teoría es lo mejor que tenemos. Gracias Charles, gracias Gregor, gracias James y Francis.

Es importante dejar en claro que una teoría no “evoluciona” a ley (¡ja!) después de “comprobarse”. De hecho, las leyes forman parte de las teorías, porque las segundas explican y dan sentido a las primeras. Así, existen la ley de la gravedad y las leyes de Mendel, y son explicadas gracias a la teoría de la gravedad newtoniana y la teoría sintética respectivamente; la ley de la gravedad dice que si yo salto de un décimo piso me van a recoger en una bolsa negra, mientras que la teoría de la gravedad dice por qué me va a pasar eso.

Hay debates acerca del grado de precisión que debe alcanzar una teoría para ser científica, pero para muchos académicos, aplicar un estándar de perfección único para todas las ciencias (obligarlas a seguir el camino de la física) sería un error; al contrario, el nivel de perfección de una ciencia se establecerá de acuerdo con su objeto, naturaleza y métodos. Teniendo en cuenta esto, las teorías en ciencia deben cumplir con los siguientes criterios:

1.- Criterios lógicos: este tipo de criterios son los más usados para distinguir entre una teoría científica de una teoría pseudocientífica porque nos permiten detectar a primera vista errores de lógica en un enunciado o una proposición. En primer lugar, una teoría científica debe cumplir con el principio de parsimonia, o como lo conocen en el barrio, navaja de Ockham, que reza que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla para un fenómeno suele ser la más probable. Ojo, esto no siempre se cumple, pero es un buen paso para dudar sanamente e ir descartando explicaciones innecesarias, redundantes o demasiado complicadas en una teoría.

Otro criterio es la consistencia lógica: una buena teoría no debe tener contradicciones internas (entre sus postulados) o externas (no debe contradecir lo dicho por otras ciencias), o de lo contrario se caerá por sí misma. Asimismo, una teoría debe ser falsable lógicamente; o sea, debe expresarse de forma que se pueda pensar en cómo podemos derrumbarla. Si mi teoría tiene un enunciado que dice todos los gatos son blancos, entonces es falsable lógicamente porque se puede imaginar un enunciado que lo contradiga, lo que será la base para poner a prueba mi enunciado en el apartado siguiente.

2.- Criterios empíricos: una teoría en ciencia debe ser empíricamente contrastable; esto es, debe estar formulada de manera que podamos saber cómo ponerla a prueba mediante un experimento o una observación. También puede llevar a predicciones y/o retrodicciones (explicaciones sobre hechos pasados) que sean contrastables, y basarse en predicciones y retrodicciones ya contrastadas. Sencillo.

Ahora, los resultados que arroje la puesta a prueba de la teoría deben ser reproducibles, por cualquier flaco en cualquier parte del mundo, bajo las mismas condiciones en que se realizó la contrastación. Esta parte ya no es tan sencilla porque aquí es en donde de verdad se ve qué tan bien se ajusta la teoría a la realidad, y si muchos investigadores independientes no llegan a los mismos resultados bajo el cobijo de un mismo marco, significa que hay que decirle adiós. Sin embargo, en los últimos tiempos muchas ciencias se han visto abrumadas por una increíble cantidad de experimentos no reproducibles y publicados en revistas especializadas haciéndolos pasar por confirmados, lo cual está lastimando mucho la investigación científica. Pero eso es tema para otro día.

3.- Criterios sociológicos: como la ciencia es una actividad realizada por determinado grupo social (los científicos), los criterios sociológicos son importantes puesto que delimitan las interacciones entre ese grupo para la obtención de una meta. Para considerarla válida, una teoría debe resolver problemas, paradojas o anomalías que una teoría anterior o rival no pueda resolver; y como no todo en la vida es fácil, debe plantear nuevos problemas para así permitir a los científicos seguir investigando y conservar sus empleos (?). Debe sugerir un paradigma o modelo de solución a los problemas que de ella surjan, y brindar definiciones de conceptos que los científicos usarán para comunicarse y poder resolver dichos problemas.

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Imagen cortesía de Con Ciencia. El estilo de Dawkins no es de mi agrado, pero el punto se entiende.

 

Así, creo que para la próxima vez que nos encontremos con alguien que pretenda descalificar algo llamándolo teoría en tono despectivo tendremos las herramientas suficientes para poder explicarle, con calma, que en ciencia una teoría es un recurso valiosísimo con el que nos servimos para poder explicar fenómenos observados y que no debe confundirse con el significado no-científico de la palabra. No creo que sea posible cambiar el lenguaje y pedir al público que no use la palabra teoría como sinónimo de hipótesis o de especulación, pero lo que sí se puede hacer es comunicar ambos significados, con lo cual indudablemente crecerá la cultura científica en nuestro país.

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