ADVERTENCIA: el artículo aquí presentado es, obviamente, un texto de sátira, narrado en su totalidad con un tono sarcástico e irónico, y por ello no debe ser tomado como un instructivo real, a menos, claro, que desees arruinar tu vida.

Hoy vamos a jugar a que no existen los códigos éticos ni la honestidad intelectual -¡quién los necesita! Todo vale, el único límite es tu imaginación y tus ganas de hacer dinero estafando inocentes, personas desesperadas por tener un atisbo de control sobre el mundo y abusando de la falta de cultura científica que impera en este mundo.

Primer paso: el nombre. No importa qué es lo que quieres hacer; si es una pseudoterapia pseudopsicológica, una nueva medicina alternativa, un método de masaje, es irrelevante en este primer paso. El nombre va primero, porque es lo primero que el mundo conocerá de tu pseudociencia bebé. Entre más rimbombante y, a la vez, más científico, mejor. Antes eran comunes los nombres que terminaban en -logía, como “criptozoología“, “ufología” o “grafología“. Ahorita la moda está entre lo “neuro” y lo “cuántico”. No importa que las neurociencias estudien los procesos cerebrales. No importa que la física cuántica estudie las interacciones de la materia a escala subatómica. Es más, tengo una idea. Dado que bioneuroemoción, medicina cuántica y programación neurolingüística ya están ocupados y son muy exitosos, llamemos a tu pseudociencia bebé terapia neurocuántica. Hit instantáneo.

Segundo paso: infórmate. Y con esto no me refiero a que leas artículos científicos sobre física y mecánica cuántica, o sobre neurociencias, o sobre psicología; no, tu trabajo es leer esos artículos de internet con títulos virales y tendenciosos que son resúmenes mal hechos del resumen que hizo un flaco que leyó el comunicado de prensa de alguna universidad y medio lo entendió. Total, todo lo que aparece en Internet es verdad; si no, ¿por qué estaría ahí?

También debes leer libros de autoayuda, pero no de los que están basados en evidencia científica, ¡qué horror! No, sólo ve por los más vendidos. La autoayuda es importante porque forma parte del paso siguiente.

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En este estante sólo hay un libro basado en evidencia. Si lo encuentran déjenlo en los comentarios, a ver qué tan buen ojo tienen.

Tercer paso: dile a la gente lo que quiere oír. ¿Escuchas la forma de hablar de los adivinos, te fijas en cómo están escritos los horóscopos? Aprovecha los beneficios que el efecto Forer tiene para ti y arroja muchas frases que puedan ser generalizables, del tipo “tienes un potencial que aún no explotas del todo” o “has cometido errores en tu vida y quieres saber cuál es el camino correcto”.

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Idea millonaria: que planetas y estrellas (que probablemente ya estén muertas ahora) influyan en tu comportamiento a lo largo de toda tu vida. Lástima hermano, ya te lo ganaron.

Hasta aquí podríamos considerar que has alcanzado cierto grado de éxito. Quizás ya diste una o dos conferencias motivacionales o fuiste entrevistado por Toño Esquinca. Pero aún no terminamos, porque es obvio que tu terapia neurocuántica tendrá enemigos. Resistencia. Es por ello que pasamos al punto cuatro.

Cuarto paso: defendiéndote del enemigo. La ciencia, esa asquerosa empresa que mete sus narices en todo y alardea sus logros en todos lados, será la primera en atacar. Debes estar preparado. Ellos tomarán tus métodos, tus medicinas alternativas, tus masajes o lo que sea que hagas y lo pondrán a prueba. Pero tú fuiste lo suficientemente listo, obviamente, por lo que planteaste tus postulados de manera que no se puede demostrar que estés equivocado, o que sean falsos. Dirás que si tu paciente se niega a aceptar que está enamorado de su madre (algo súper lógico, obviamente) es porque su inconsciente se defiende mediante resistencia. Si tienes una medicina alternativa dirás que es de origen natural, orgánica, libre de gluten y que no está patrocinada por los diabólicos intereses de una compañía farmacéutica, así le darás a la gente una falsa elección entre lo “malo” y lo “bueno”. De cualquier manera, siempre tendrás la razón.

Quinto paso: aunque parezca contradictorio, usarás a la ciencia para mostrarte ante el público, usando a tu favor la peligrosa carencia de cultura científica de nuestra sociedad. Primero dirás que la ciencia no puede saberlo todo (como si esto fuera un defecto) y que es arrogante, y después diseñarás estudios para ayudarte a sostener esa idea que tienes de la memoria del agua (que podrías mejorar mediante algún rollo cuántico). El estudio, obvio mal diseñado para que los resultados muestren lo que quieres obtener, será presentado a la sociedad como: “Estudio científico demuestra que la terapia neurocuántica funciona”. El objetivo no es contradecirte, sino hacer creer al público que la ciencia se halla dividida entre quienes te apoyan y quienes te atacan, como si de un cambio de paradigma se tratase.

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Masaru Emoto debe ser algo así como el Carl Sagan de las pseudociencias. Estudió Relaciones Internacionales y ahora vende vasos de agua a precios de litro de gasolina.

Sexto paso: detalles. El lenguaje que debes usar está salpicado de palabras y términos que parezcan científicos, aderezados con un cierto misticismo, con el fin de impactar más en el público según el punto anterior. Sanación plena, conciencia universal, vibración emocional, neuroenergía (ése me lo acabo de inventar…, ¿o no?), cristales cuánticos…, en fin. Una vez más, el límite es tu imaginación. Sólo asegúrate que sean originales.

Asegura que tu pseudociencia es ancestral y milenaria, como si el tiempo que una práctica lleva realizándose en una comunidad oriental fuese justificación suficiente para seguir haciéndola en la actualidad. Ignora las diferencias entre culturas y creencias; si a ellos les funciona, ¿por qué a nosotros no?

Provoca quimiofobia en tus seguidores y asegura que estás libre de químicos. Ignora que somos formas de vida basadas en carbono, que el calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre, el hidrógeno y el oxígeno del agua que bebemos, también son elementos químicos.

A riesgo de haberme olvidado algo, estos son todos los pasos a seguir para crear tu propia pseudociencia y volverte rico fácil y sin esfuerzo. Todo es sencillo, todo vale en tiempos de la postverdad, todo el conocimiento es igualmente válido y las opiniones son iguales a los hechos. Reduce la ciencia a “sólo un discurso” y entonces estarás autorizado a hacer prácticamente lo que sea…, al menos en ese mundo torcido en el que vives.

La cuestión aquí es: ¿qué tan dispuesto estás a tragarte la tontería que acabas de inventar?

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