Hoy es la fecha. El día que los tímidos y los stalkers emplean para enviar mensajes anónimos, cuando los olvidadizos corren por un regalo de último minuto, cuando los amargados publican “¿qué se celebra o qué?”, cuando deprimes porque tu ex está subiendo fotos con su nueva pareja; en fin, es el día del amor y la amistad. Y con este motivo nos ponemos un poco cursis, a la manera de la ciencia, para hablar de este fenómeno tan humano.

Al amor le han escrito poemas, novelas, tratados filosóficos, canciones; digo, Maná y Ricardo Arjona prácticamente no existirían sin el amor. Es un sentimiento tan poderoso que hay gente que sufre por él, hay gente que goza gracias a él, y hay gente que mataría o estaría dispuesta a morir por él. Es una de las principales razones por las que la gente acude a terapia psicológica, para acabar pronto. ¡Qué problemón es el amor!

Si el amor es un problema tan grande, ¿podemos estudiarlo de manera científica? La respuesta es: ¡obvio sí! Y entonces surge otra pregunta más quisquillosa que la anterior: ¿qué disciplina sería la encargada de estudiarlo? La respuesta automática sería la psicología, pero piénsenlo por un instante. El amor es un tema enorme, un tema que nos gusta llamar multifactorial por la gran cantidad de factores que intervienen en él (¡dah!) y no todos son susceptibles de abordar por la psicología, aunque sí por otras ciencias del comportamiento y ciencias sociales. Por ello, dividí esta nota en dos partes: la primera habla sobre lo que ocurre en nuestro cerebro cuando estamos enamorados; y la segunda, sobre la dimensión psicológica del amor. Así que sin más, vayamos al encuentro del amor, no sin antes darle play a una canción para ambientar la lectura.

El cerebro de un enamorado.

Si alguna vez conocieron a alguien que está perdidamente enamorado y pensaron que actuaba de manera diferente a como actuaría normalmente, pues están en lo cierto: el sujeto se comporta extraño, no es su imaginación, y ese comportamiento tiene una base cerebral.

Para empezar, hablemos de neurotransmisores, moléculas que actúan como mensajeros entre las neuronas, llevando información de una a otra de manera química. El neurotransmisor sale de la neurona que emitió el impulso nervioso (el mensaje, pues), a través de la membrana y llega a la siguiente. Pero no entra por cualquier lado, ¡no señor! El neurotransmisor llega a un receptor específico para él, como si fuera una llave que no puede entrar en cualquier cerradura. Así, la neurona se excitará (en el buen sentido de la palabra…) o se inhibirá. Este proceso de mensajería instantánea ocurre más rápido que lo que tardas en decir neurotransmisor: varios cientos de microsegundos.

Entonces, por un minuto el amor se convierte en un asunto de química (literalmente). Algunos de los neurotransmisores involucrados en el proceso del amor son la oxitocina y la vasopresina; la primera es conocida por la creación de lazos maternales al ser liberada durante el parto, así como por la creación de lazos de pareja monogámica en mujeres, mientras la vasopresina actúa de manera similar en los hombres. Por lo de los lazos de pareja, no por lo del parto. Ambas moléculas inducen la liberación de dopamina, y si el nombre de esta molécula te recordó la palabra dopado, no estás tan desencaminado. La dopamina se asocia con el sistema de recompensa del cerebro; sería la responsable de que se sienta tan bien comer un plato de pozole, estar unas horas a solas con el ser amado (saben a qué me refiero), o usar drogas del estilo de la nicotina o la cocaína. No por nada la llaman la hormona del placer; es la responsable de que el amor, la comida, el sexo y las drogas se conviertan en experiencias gratificantes.

Esta conversación química de WhatsApp sólo tiene sentido, sin embargo, teniendo en cuenta las áreas cerebrales en que ocurre. El cuerpo estríado, por ejemplo, está asociado con los sentimientos gratificantes y con los sistemas de recompensa del cerebro, por lo que se activa con la dopamina, mientras que las cortezas frontal y prefrontal, en donde ocurre la planeación lógica y la toma de decisiones razonadas, quedan desactivadas. Eso explica esa vez que te fugaste con tu pareja, con todo y las amenazas de tus padres sonándote en la cabeza. Algunas partes del lóbulo temporal asociadas con sentimientos negativos y con la depresión también se desactivan. Bienvenidos lentes de color rosa.

La psicología del amor.

Hay que tener cuidado con las neurociencias, porque a pesar de que parecen explicar de una manera satisfactoria muchas de las cosas que hacemos, en sus explicaciones están dejando de lado algo muy importante: nuestra interacción con el medio que nos rodea. Por eso, podemos considerar que en el siguiente nivel de explicación de algo tan complejo como el amor –y a mi gusto, más completa- está en la psicología.

Una de las aportaciones más importantes en el estudio del amorts es la teoría triangular de Robert Sternberg, un psicólogo de la Universidad de Yale que al parecer tenía éxito con las chicas porque de algún lado tuvo que venir esta brillante idea de abarcar en una sola teoría tanto la estructura del amor como su dinámica, y lo hizo de una manera sencilla y elegante, como ocurre con las buenas teorías. Sternberg identificó tres elementos en el amor: intimidad, que es compartir sentimientos con el otro, incluso sentimientos negativos, así como confiar, acompañar y saber que el otro tiene los mismos intereses para la relación (lo que, a juzgar por los índices de divorcio, nunca pasa); la pasión, que es referente a la sexualidad; y el compromiso, entendido como la decisión de amar a la pareja y la voluntad de mantener dicho amor a largo plazo. Cabe mencionar que estos elementos siempre están presentes, aunque pueden ser distintos dependiendo de la época, el lugar y, por supuesto, la cultura y la sociedad.

Haciendo una analogía geométrica, porque con un dibujito siempre queda claro todo, Sternberg ubicó cada uno de estos elementos en los vértices de un triángulo, cuya área nos indicaría la cantidad de amor y su forma nos indicaría el equilibrio entre los elementos. Por ejemplo, si en una pareja hay intimidad y pasión, tenemos amor romántico de telenovela tipo María Mercedes; si hay intimidad y compromiso, habrá amor sociable, del tipo que se tiene con los amigos; y con la mezcla de compromiso y pasión el resultado es amor fatuo, donde el compromiso se ve motivado por la pasión.

teoriatriangular
El esquema de la teoría triangular de Sternberg. Arriba, atracción, amor a primera vista, amor vacío. Abajo,amor romántico, amor sociable, amor fatuo. 

La teoría triangular es fantástica, sobre todo por las evidencias a favor y porque Sternberg construyó un test que mide los elementos que creó, pero, ¿cómo es que uno llega a estar enamorado? ¿Cómo surge el amor?

Un psicólogo mexicano, Rolando Díaz-Loving (su apellido es neta, no podía ser más apropiado) es autor de una propuesta para explicar el surgimiento y la evolución del amor en una pareja. La llamó ciclo de acercamiento-alejamiento de la pareja, y consiste en nada menos que trece etapas, que no tienen por qué cumplirse de la misma manera aún en miembros de una sola pareja; cada miembro lo cumple a su ritmo. Iniciamos con la etapa de extraños, esa parte bonita de la relación en que se siente curiosidad por el otro a pesar de que no sabes ni su nombre; después se avanza a la etapa de conocidos, donde inicia la comunicación y la amabilidad, y se espera que la relación se vuelva amistad (etapa temida por muchos en la que si uno no se pone trucha corre el riesgo de quedarse para siempre).

Después de la amistad, y si todo sale bien, surge la atracción, centrada sobre todo en el aspecto físico, y es seguida por la pasión, la pasión con voz sexy, la entrega desmedida al otro. Romance y compromiso son las etapas siguientes, la primera considerada como el momento ideal, tras el cual llega la convicción de vivir con el otro. Si el compromiso se consolida, llega el mantenimiento, la lucha contra los posibles obstáculos que aparezcan en la relación. Después llega el conflicto, cuando hay dificultad en convivir con el otro; de resolverse, el conflicto llevará a una pareja madura. Si no se resuelve, la relación se acaba, mediante el alejamiento, luego el desamor, después la separación y finalmente el olvido, etapas cuyos nombres hablan por sí solos y seguro a más de uno le traen dulces recuerdos.

El ciclo de acercamiento-alejamiento de la pareja puede resultar uno de los análisis más completos en cuanto al surgimiento y evolución de una relación; la teoría triangular de Sternberg un aporte valioso a la psicología del amor; las neurociencias hacen su parte al mostrarnos lo que ocurre en el cerebro cuando uno está enamorado, pero aún así, ¿no les queda esa sensación de que queda algo por explicar? Por ejemplo, ¿cómo es posible que, habiendo miles de candidatos ideales para ser nuestras parejas, el Elegido o la Elegida (es una forma de hablar, no hay que intensear) sea una persona en específico? Porque dos candidatos pueden tener gustos similares, comportamientos similares, aspectos similares, pero algo nos lleva irremediablemente a una persona y no a la otra. ¿Cómo podemos explicar eso?

Quizá esa sensación que queda es la de que a pesar de todos nuestros esfuerzos aún no logramos captar la esencia del amor; aún no podemos comprender todos sus misterios…, misterios que quedarán, por el momento, en manos de músicos, poetas, pintores y otros artistas, cuya colaboración quizá siente las bases de proyectos futuros. Como en muchos otros temas, siempre hay algo que hacer en el amor.

REFERENCIAS

CNS Newsletter (2014). The Neuroscience of Love. Medical Neurosciences, 7(2).

Serrano, G. & Carreño, M. (1993). La teoría de Sternberg sobre el amor. Análisis empírico. Psicothema, 5(1), 151-167

Sternberg, R.J. (1986). A Triangular Theory of Love. Psychological Review. 93(2), 119-135

Torreblanca, O. (2017). Radiografía del amor. ¿Cómo ves? 219(1), 8-13

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