Continuando con esta serie, esta vez hablaremos sobre un mito muy extendido, sobre todo entre la población no-psicóloga y también, pa’qué negarlo, estudiantes de primer semestre de la carrera: que los psicólogos sólo se dedican a dar terapia.

Primero deberíamos saber por qué existe la terapia psicológica. Desde el momento en que quisimos estudiar el comportamiento humano, quedaba implícito que una de las tecnologías derivadas de ese conocimiento sería la intervención en personas con comportamientos extraños, dañinos o antisociales.  Sin embargo, y como ya vimos en la primer nota del blog, el método introspectivo no era suficiente para obtener los datos necesarios para crear dicha tecnología.

El cambio vino desde dos lugares diferentes: Viena, a principios del siglo XX, y la Universidad Johns Hopkins, alrededor de 1913. En el primer sitio, Sigmund Freud desarrolló el psicoanálisis, que es al mismo tiempo una teoría para explicar el comportamiento y una forma de terapia basada en la teoría para tratar los malestares psíquicos de los pacientes. En el segundo sitio, John B. Watson fundó el conductismo y procedió a difundirlo como la verdadera corriente científica de la psicología, con la cual se podía tratar absolutamente cualquier problema psicológico. Entre los logros de esa primera etapa del conductismo se encuentra el demostrar que los miedos son aprendidos, gracias al famoso experimento del Pequeño Albert, y, lo más importante, que se podían desaprender siguiendo los principios teóricos del conductismo.

No fue sino hasta que apareció el famoso Burrhus Frederic Skinner cuando se expandió el conductismo hasta el infinito y más allá; de hecho, fue él quien creó la llamada Terapia de Conducta, todo un best seller en el ámbito de las terapias, pues era más efectiva que el psicoanálisis y los setecientos años que se toma para que sepas a qué se debe tu problema. Con el paso del tiempo, la terapia de conducta fue cambiando para integrar aspectos mentales en su amplio catálogo de técnicas, y hoy se la conoce como terapia cognitivo conductual, la terapia más efectiva de todas las que existen actualmente.

Sin embargo, la psicoterapia no es la única aplicación de la psicología, aunque sí la más famosa (imagen popularizada “gracias”, noten bien las comillas, a Freud). Tan sólo piénsenlo: la psicología estudia el comportamiento humano. Los humanos, por ser humanos, hacemos chorros de cosas. La pregunta sería, ¿en qué actividad no se puede infiltrar la psicología?

Para fines de esta nota, enumeraré tres de las áreas en las que un psicólogo puede integrarse a trabajar, aunque por supuesto, el amplio repertorio del comportamiento y de las actividades humanas implica que haya muchas más de las que mencionaré.

Empezaré por una de las más populares: la psicología organizacional. La psicología en su versión de oficina. Los Godínez del comportamiento. Ésta área se encarga de estudiar cómo se comportan los individuos dentro de un grupo determinado: cómo se organizan, cómo, responden ante la dinámica de las relaciones que se generan dentro del grupo, cómo interactúan entre sí, y lo más importante, cómo el ambiente laboral influye en la consecución de las metas de la organización. Por tanto, las funciones del psicólogo van desde el famoso dúo dinámico de reclutamiento y selección (sip, hay muchas más cosas detrás del temido y odiado nosotros te llamamos), pasando por la capacitación de los nuevos miembros hasta la constante evaluación tanto del desempeño como del clima que se genera entre los miembros.

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Porque no hay nada mejor para ejemplificar el trabajo en equipo y el buen clima organizacional que muñequitos de colores trabajando en una mesa de colores.

La segunda área es la psicología educativa, que se dedica a estudiar de qué manera aprendemos y enseñamos. Esto se hace sobre todo en las escuelas y centros educativos, pero también puede estudiarse y llevarse a la práctica en organizaciones (recuerden que en el párrafo anterior estaba hablando de capacitación) y en el área de la salud. Por tanto, un psicólogo educativo evalúa las características de cada persona, para potenciar tanto su desarrollo como su aprendizaje, basándose en aspectos como la inteligencia, la motivación, las habilidades previas, la creatividad y las habilidades sociales.

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“Dale, ya pon música”. Las nuevas tecnologías se han ido incorporando a nuestra manera de aprender y de enseñar. Plataformas como Edmodo han sido diseñadas con ese fin.

La psicología educativa también trabaja con lo que conocemos como dificultades en el aprendizaje. Por poner un ejemplo, el famoso, temido y muchas veces mal diagnosticado Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una de las dificultades más comunes y que necesitan de la intervención del psicólogo educativo para que elabore un plan de estudios “a la medida” de la persona con el trastorno (no necesariamente niños) y capacite a los educadores de acuerdo con las necesidades del alumno.

La última área no es un área propiamente dicha, sino una actividad: la investigación. Hay chorros de psicólogos trabajando en investigación básica, que es una actividad importante en sí misma porque…, pues porque es básico hacerla (fue a propósito la redundancia). Es la manera en que generamos nuevo conocimiento, pero también es la forma en que ponemos a prueba el conocimiento que ya tenemos; quizá aparezca un dato que no conocíamos o tal vez podamos usar una investigación anterior para tratar de llegar más lejos, si disponemos de los recursos suficientes. La investigación básica en psicología permite estudiar algún concepto como la depresión o la ansiedad, lo que después permitirá crear un test que mida dichos constructos; permite saber si cierta forma de terapia es efectiva, conocer más a fondo sobre un tema en específico, como el amor, la percepción, el impacto de la pobreza en el desarrollo…, la lista es larga, y lo mejor es que los resultados de esa investigación básica sirven para después dar origen a la investigación aplicada o el desarrollo de tecnologías: nuevos tests, nuevas formas de intervención, nuevos planes educativos, etc.

La próxima vez que conozcan a un psicólogo, pregúntenle a qué se dedica, déjenlo que se explaye, pues si hay algo que nos encanta a los psicólogos es hablar sobre nuestro trabajo, sobre todo cuando no es dar terapia. Y no estoy diciendo que dar terapia sea malo, o aburrido; al contrario, es una labor noble y que requiere de muchísima preparación y entrenamiento. Es sólo que en nuestro país los psicólogos aún no explotamos todo el potencial que nuestra ciencia puede tener, potencial que va más allá de la terapia y que podría mejorar sustancialmente nuestra calidad de vida.

REFERENCIAS.
Lilienfeld, S.O., Lynn, S.J., Namy, L.L. & Woolf, N.J. (2011). Psicología. Una Introducción. Pearson Educación. España.

Me gustaría agradecer a Cintia Mendoza por sus consejos y correcciones sobre la psicología educativa que me permitieron no regarla y dar un panorama más general sobre el área.

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