A pesar de que la psicología como disciplina científica tiene más de un siglo de existencia, es asombroso ver la cantidad de mitos, desinformación, y verdades a medias que circulan por ahí, entre el público: contamos un chiste de psicólogos diciendo “resulta que llega el paciente al consultorio”, cuando nos imaginamos un psicólogo vemos a un viejito de lentes con pipa sentado tomando notas al lado de un diván, cuando conocimos a un psicólogo por primera vez, en el mejor de los casos, le decimos “a ver, ¿qué estoy pensando?” o “seguro me estás psicoanalizando”; en el peor, le pedimos que nos interprete los sueños o nos pone nerviosos que lea nuestro lenguaje corporal y nos manipule diabólicamente. Así nos va.

colegiata-y-casco-antiguo-de-quedlinburgo_77681837
Si buscan “psicólogo” en Google Imágenes, seguro les saldrá algo como esto.

Todos estos mitos tienen, sin embargo, un origen que siempre vale la pena aclarar para poder hacer bien la distinción entre lo que sí hace un psicólogo de lo que no hace un psicólogo, y así llegar al bello momento en que todos nos contemos chistes psicológicos que tengan que ver con el condicionamiento, los perros de Pavlov o los procesos cognitivos (mientras eso pasa, la frase “me traes como perro” puede servir como un buen piropo científicamente válido).

El primero, y el más frecuente, es el de confundir al psicólogo con el psicoanalista. Sí, ambas disciplinas tratan con las disfunciones de las personas, e incluso el psicoanálisis ha influido poquito en el desarrollo de la psicología del siglo XX, pero hasta ahí. Su desarrollo ha sido tan diferente como el de dos hermanos (o hermanastros, porque neta que son diferentes): uno que, con esfuerzo y dedicación ha ido avanzando en la vida y otro que con esfuerzo y dedicación se ha ido metiendo en cosas cada vez más turbias.

El psicoanálisis surgió a principios del siglo XX de la mano de Sigmund Freud, un médico de la ciudad de Viena, quien trataba de hallar una cura para un padecimiento al que se conocía como histeria. A riesgo de súper simplificar el asunto y que un psicoanalista infiltrado entre ustedes me miente la madre por ello, la teoría psicoanalítica nos dice que el comportamiento humano se rige por la lucha entre tres fuerzas psíquicas: el Ello, el Yo y el Superyó:

  • El Ello es nuestra parte más animal, más de necesidades y deseos, y que se encuentra ubicado en su forma pura en el inconsciente, por lo que no nos podemos dar cuenta de lo que pasa.
  • El Superyó es nuestro santurrón personal, la parte de nosotros que ha sido educada por la sociedad para saber qué es lo correcto y qué no y evita que nos pongamos a darle duro contra el muro con la primer persona que nos pase por enfrente, o que matemos a alguien en un acceso de ira.
  • El Yo funciona como un mediador entre ambos; es el réferi, pues, y es el comportamiento que sacamos a la luz. Procura cumplir los deseos del Ello al mismo tiempo que cumple las reglas del Superyó.

La lucha entre Ello y Superyó es como esas escenas de caricaturas donde aparecen un angelito y un diablito discutiendo, sólo que más complejo, y causaría conflictos como ansiedad o histeria. Por tanto, es deber del psicoanalista ayudar al paciente a vencer sus resistencias inconscientes para resolver un conflicto, en un proceso que puede durar desde muchos meses hasta décadas.

angel-vs-diablo
Los Simpson sirven para todo. Homero, su Ello y su Superyó.

Desde entonces, y gracias a los seguidores de Freud que primero eran sus amiguitos y luego se pelearon para añadir de su propia cosecha a la teoría freudiana, el psicoanálisis ha ido creciendo y se ha ido desviando hasta convertirse en una forma de filosofía más que en una teoría científica (de hecho, no está avalado por evidencia científica alguna), lo cual no quiere decir que no tenga razón. Algunas veces. En algunas cosas. Por ejemplo, influyó a la psicología al decir que hay procesos dentro de nuestra cabecita que se realizan sin que nosotros nos demos cuenta, pero lo inconsciente no es un lugar físico, sino precisamente lo que acabo de decir: un proceso. Tampoco hay ningún Ello, Yo ni Superyó luchando dentro de nosotros. Ni la psicología ni las neurociencias han encontrado evidencias de ellos.

El deber del psicólogo es diferente desde el momento en que la psicología es diferente. La psicología, como ya vimos en la primer nota, es una ciencia, y como tal, se basa en las evidencias para construir sus teorías, evidencias que se obtienen después de hacer experimentos, observaciones y mucho, mucho, pero muuuuucho análisis estadístico. Por tanto, las terapias desarrolladas a partir de este enfoque se sostienen en la evidencia y suelen ser más efectivas que el psicoanálisis . En la actualidad, la psicología cognitiva, ayudada por las neurociencias, es la corriente dominante en la psicología; han explicado fenómenos como la percepción, el lenguaje, la memoria, el pensamiento, nos han dicho qué pasa en el cerebro cuando hacemos alguna tarea, y heredaron del conductismo la manía por observar la conducta de las personas para deducir sus procesos mentales, por lo que al día de hoy contamos con una explicación satisfactoria, desde varios niveles de conocimiento, del comportamiento humano. Para muestra, basta un botón: pueden ver el programa Brain Games (traducido como Juegos Mentales) emitido por National Geographic, en el que se relata cómo los descubrimientos de las neurociencias y la psicología cognitiva han ayudado a explicar y resolver problemas cotidianos. Para mi gusto (y esto es sólo una opinión mía sobre el programa, ojo), simplifican demasiado los contenidos, pero lo hacen en favor de hacer pasar un buen rato y sirve como una pequeña puerta de entrada a este fascinante mundo.

Por supuesto, como en toda ciencia, aún hay misterios por descubrir, preguntas que quedan por explicar, trabajo que queda por hacer, porque así es la ciencia: siempre se está construyendo, jamás queda terminada.

REFERENCIAS

Si a alguno de ustedes le interesa una visión crítica del psicoanálisis (y para no quedarse solamente con lo que escribí en la nota), pueden buscar El Libro Negro del Psicoanálisis: Meyer, C. (2011). El Libro Negro del Psicoanálisis. Editorial Sudamericana.

Laplanche, J. & Pontalis, J.B. (2004). Diccionario de psicoanálisis. Paidós. Argentina.

Lilienfeld, S.O., Lyn, S.J., Namy, L.L. & Woolf, N.J. (2011). Psicología. Una Introducción. Pearson Educación. España.

Anuncios